jueves, 16 de abril de 2015

51. UN CONSEJO

Jueves, 16 de abril de 2015.- Un consejo.

Si, ahora mismo, mis hijas me pidieran un consejo, les diría que VIVAN. Es el mejor consejo que les puedo dar.
Nunca podré volver a cruzar el río saltando de piedra en piedra. No como entonces.
Nunca más podré quedarme dormida sobre las piernas de mi madre un viernes por la noche, caer rendida después de toda una semana de cole y juego.
Nunca más podré jugar en la playa con mis hermanas, reír en la orilla, volar contra el viento, achicar agua de los túneles excavados con palitas en la arena mientras las olas los inundan de nuevo.
Nunca más volveré a la sesión matinal con mi abuelo.
Nunca más estrenaré un bolsito de crochet y unas sandalias blancas en Domingo de Ramos.
Nunca más volveré a dar el primer beso.
Nunca más arrastraré un ciclomotor con mi hermana entre risas.
Nunca más veré a mi madre en camisón esperándonos en la puerta de la casa con los brazos en jarras.
Nunca más cogeré un tren sola, a las ocho de la mañana, después de una noche de Carnaval en la que me perdí de mis amigas.
Nunca volveré a atravesar el Prado hacia la Facultad, protegiéndome del frío con la carpeta de clase.
Nunca más podré compartir una botella de Monje en el Barranco de Ruiz cualquier noche de luna llena con mis amigos isleños.
Nunca más recorreré las calles de Barcelona en mi bicicleta para ir a dar clases al “gimnás”.
Nunca volveré a sentir un bebé en mi vientre.
Nunca sentiré de nuevo la inmensa alegría de teneros en mis brazos por primera vez, aunque me llene de felicidad veros siempre junto a mí, veros crecer.
Nunca volveréis a ser bebés, y cada día os alejaréis un poco más de continuar siendo niñas. Y yo, yo cada día me acercaré un poco más a dejar este mundo.
Nunca volveremos a nacer.
Porque quien hoy está, mañana desaparece.
Porque no sabemos qué ocurrirá al despertar de nuevo.
Porque cada día es un cajón cerrado que guarda mil sorpresas esperando a ser abierto.
Porque la vida es una cueva que merece ser explorada, no un camino recto para ir arrastrando los pies.
Porque cada minuto de la vida es único y ya no se repite.
Porque no sabemos cuándo será el último.
Y porque, si hay o no otra vida, es algo que sólo sabremos cuando ya no la tengamos.
Por tanto…
Si hoy tuviera que dar un consejo a mis hijas, les diría:
VIVID sin miedo a perder, porque siempre perderéis más si no lo hacéis.




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