jueves, 24 de diciembre de 2015

NO NUMERADA, FELIZ NAVIDAD

Voy a hacer algo inusual. 
Normalmente, escribo las entradas en Word, y después las copio al blog. Pero hoy, en un alarde de espontaneidad (y prisas), haré una excepción.
Cada año, por estas fechas, sueño mucho. Y entre todos los sueños, uno aplazado: el próximo año, la tarde de Nochebuena, mi casa estará llena de amigos y familiares, y todo volverá a ser igual que antes. Este año vuelvo a aplazarlo, vuelvo a soñarlo. Sé que algún día, alguna Nochebuena, veré cumplido mi sueño. 
Buscamos la felicidad en los grandes acontecimientos. Queremos que nos toque la lotería, encontrar el trabajo perfecto, que George Clooney llame a nuestra puerta... Yo siempre he añorado la felicidad de los pequeños momentos, ésos que vives en el anonimato sabiendo que comenzarás a echarlos de menos apenas unos días después. Hace poco, después de recoger a las peques del cole, fuimos a una cafetería del Paseo de los Tilos a merendar, esperando a que llegaran mi hermana y mi cuñado para ir al centro. Yo ya sabía que mi hermana Alicia también vendría: sabiendo que las niñas estaban tan cerca, no volvería a San Pedro sin pasar a verlas. En cuanto la vi aparecer a lo lejos, supe que ésa sería una de las tardes, uno de los momentos que mi corazón añoraría siempre y me haría sonreír al recordarlo. 
Nuestra felicidad no está en los grandes acontecimientos; si de ellos dependiera, casi nadie podría ser feliz. Tal vez Forrest Gump, que le ocurre de todo. Pero no, no vivimos en una película, y nuestra felicidad se encuentra en nuestros recuerdos, en los pequeños momentos vividos, en todo lo que consideramos rutina hasta que pasa, y entonces nos damos cuenta de la importancia de esa rutina, de esas vivencias corrientes que hacen nuestra vida especial. Me encanta ser una persona corriente.
Amigas y amigos, sólo intento transmitiros, con bastante más torpeza de la habitual, tal vez por las prisas, que abracéis cada momento de vuestra vida, porque lo mejor de ella es el misterio de la memoria: que nunca sabrás qué instante vivido pasará a tu corazón como el recuerdo perfecto que te haga sentir como un dios en el Limbo. Vividlos todos con la misma intensidad, cada risa, cada abrazo, cada lágrima, cada beso, cada charla, cada mirada... aunque sólo sea para confundir a la memoria.
FELIZ NAVIDAD.