domingo, 7 de febrero de 2016

UN DÍA CUALQUIERA PARA TANTA GENTE

Un día cualquiera, un sábado por la mañana, un día más de la vida que va pasando, uno de esos útiles medios de comunicación modernos emite un aviso: nuevo mensaje. Lo abres con desidia, no es un grupo en el que suelas participar porque lo único en común con las personas que lo forman es un puñado de viejos recuerdos. Y la realidad te deja los ojos como platos. Ha fallecido una mujer de tu misma edad a quien tú no conoces, porque a quien conociste es una chica de quince años cuyo recuerdo ni te va ni te viene pero está ahí. Lees, entre muchos mensajes, uno de alguien a quien ni siquiera recuerdas, que, a su vez, no recuerda a la finada. Y te preguntas... ¿cómo puede ser que nos olvidemos de gente que pasó por una de las etapas más intensas de nuestra vida, la adolescencia? Aquéllos a quienes sí recuerdo aún son críos en mi retina, no sé cómo han evolucionado, si han cambiado, no sé qué vida llevan, si aún están aquí o ya se fueron donde hoy se ha ido ella. No sé si son grandes personas o personas pequeñas, o simplemente personas. Ignoro si tienen hijos, si tienen familiares, si están solos en el mundo, si sus amigos les quieren o no tienen amigos. Desconozco si tienen trabajo, si ocupan un puesto relevante o son números con nómina. Nunca me pregunté si son felices o no llegaron a conocer siquiera la felicidad. Para mí siguen siendo críos y crías con uniforme en el patio de un colegio, unos me son más gratos, otros me son indiferentes, algunos me dan pena, otros, incluso, asco... Cuando pasas tiempo sin ver a las personas que, para ti, son sólo recuerdos de juventud, cuando no has crecido con ellas, no has evolucionado con ellas, no has madurado con ellas, pero las conociste en el pasado, sigues viéndolas como eran entonces. Y he pensado que, tal vez, podría llegar un día en que alguien deje un mensaje en ese grupo diciendo que yo misma he fallecido. Algunos tratarán de recordar quién era yo, otros sentirán pena, puede que haya quien lo lamente profundamente, quizás la mayoría pensarán, como yo ahora, que ha muerto una niña rubia de quince años con una falda de tablas azul a cuadros y un polo blanco... Lo que sí es cierto es que todos seguirán viviendo como si nadie hubiera fallecido. Se me viene a la cabeza aquella canción de Ray Heredia, "y la vida pasa, hoy pasa". 
Pero la vida hoy ha dejado de pasar para muchas personas. Sí, es cierto, yo dejé de conocerla cuando era una cría y no conozco en absoluto a la mujer que ha muerto víctima de una enfermedad. Sin embargo, aunque yo, insignificante microbio en la infinitud del Universo, no conociera a esa mujer y sólo tenga en la memoria la imagen de la niña que fue, como si, para mí, hubiera muerto entonces, cuando dejé de verla por el cole, para muchas otras personas que la querían y compartieron la vida con ella, hoy la vida ha dejado de pasar, o pasará más despacio durante algún tiempo. Para esas personas, este sábado será el peor día de sus vidas. 
Para todos los demás seres humanos de la Tierra, éste será un día cualquiera. 
Así de importantes, así de insignificantes.
Descansa, Laura.


No hay comentarios:

Publicar un comentario