lunes, 15 de febrero de 2016

PERDIENDO EL NORTE PESE A LLAMARSE ALASKA

No deseo mal a nadie. Nunca. Pero algunas personas deberían pasar unos días en la vida de otras para dejar de decir estupideces y comprender que no se puede ni se debe hablar sobre alguien cuyas circunstancias se ignoran.
Y mucho menos generalizar.
Para quien no sepa quién es Olvido Gara, aclararé que se trata de Alaska. Quien presentara el programa infantil La Bola de Cristal, se convirtió en ídolo musical de los años 80 y, junto a Berlanga y Canut, en abanderada de la Movida durante la Transición. No sé qué habría dicho Carlos Berlanga, de no haber fallecido hace casi catorce años, acerca de quienes luchamos contra las injusticias sociales y nos defendemos de ellas. Sólo sé que sus compañeros de grupo se han cubierto de todo menos de gloria.
Y es que este mundo podría ser un lugar mucho más maravilloso si abundara la empatía. Desgraciadamente, escasea, y mucho.
Ignoro por qué quien tiene un sueldo digno porque aún conserva su trabajo y le permite vivir con holgura, algo que tampoco a todo el que tiene trabajo le ocurre, en lugar de ver la injusticia en la vida de otra persona, sólo ve nubecitas de colores en la suya propia y culpa, a quien tuvo la desdicha de caer en la trampa de la "vida estable", de aquello que no tiene más culpable que un sistema capitalista insostenible. Nadie pide que cambien su piel por la de quien está pasando penurias. Nadie desea que la suerte se les vuelva en contra. Sólo que se trate de entender cómo se llega a una situación de miseria económica: perdiendo el trabajo. La diferencia entre quien puede pagar la hipoteca y quien no puede pagarla, es un sueldo digno. Quien lo conserva, tal vez esté pagando el cuádruple de lo que debería porque le habrán engañado como a los demás, pero puede hacer frente. Si deja de percibir dicho sueldo, puede que acabe viniendo a las asambleas de la PAH, y, por supuesto, será bienvenido. Será entonces cuando advierta el error: el banco te quiere mientras pagas sus estafas; pero cuando dejas de hacerlo, intenta quedarse con lo que es tuyo a un precio irrisorio para que, así, tengas que continuar pagando y sin techo. Y el gobierno al que vota no hará nada por evitarlo.
Si es un personaje mediático quien hace ese tipo de críticas, aún es más indignante. No se puede vivir de la gente insultando a la gente. Y peor aún: es de cobardes decir algo así en un medio de comunicación de forma que las personas a quienes critica, millones de personas, dicho sea de paso, no podrán salirle al paso.
Muchos niños y niñas de los 80 nos hemos sentido hoy humillados, timados y decepcionados. Nuestras mañanas sabáticas llegaban con un mensaje harto valioso, pero, al parecer, algún que otro mensajero sólo decía lo que leía en el guión. Por fortuna, no todos los representantes y abanderados de la Movida y el despertar social de los 80 son como Canut y Alaska.  
Porque sepan ustedes, decadentes Fangoria, que otros músicos de su época, como el señor don Santiago Auserón, colaborador también en aquel mítico programa infantil, no sólo se mantienen en, con y de su profesión, sino que, además, mantienen sus principios y su clase. Claro que el señor don Santiago Auserón siempre tuvo clase. Pero donde no hubo, no habrá por más que se escarbe.